Ésto no es una historia de príncipes y princesas, esto es la historia de un príncipe y una gilipoyas; que dió sin recibir nada; que luchó hasta el final hasta que no le quedó nada más por hacer. Lo dijo todo, hizo todo lo que estuvo en sus manos, pero no consiguió un final feliz como en los cuentos. Aprendió que por mucho llorar no se haría más fuerte o más débil. Pero un día la princesa cansada de haberse convertido en gilipoyas, y después de haber perdido todo lo que la hizo ser princesa, se cansó, y echó de menos su antigua vida, donde era más egoísta y no pensaba en príncipes ni en fantasías. Era más feliz así, no sufría. La única forma de intentar volver a ser como antes era alejándose del príncipe, sin ya ninguna esperanza , y sin nada más que perder; en el fondo él fue pidiéndole poco a poco a ella que se fuera de su vida. Y así fue.
Pensó después de tomar la decisión, qué tal estaba. Estaba mal, estaba muy mal.Pero pensó: espero que este mal tiempo se pase, espero que poco a poco vaya notando la mejora del alejamiento. Se que me estoy engañando a mí misma, que no puedo alejarme, pero es lo único que puedo hacer ya.
Y así es como termina la historia de un princesa que renunció a todo por su todo.

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